La escritura

La hoja apenas vibra con los complejos movimientos que mi mano dibuja y, que como si fuera una costumbre, memoriza y plasma en pequeños símbolos apenas entendibles; pero aún así llevan una enorme cantidad de ideas que danzan en estos símbolos que todos conocen pero, que en mi caso, pocos entienden. De repente, ese vaivén que realiza la hoja , que no es muy notorio para la gente que no presta atención, se detiene y en ese momento, en mi cabeza se genera una bache por el cual flotan las ideas pero solo algunas llegan a ser trasmitidas y dibujadas en estos complejos símbolos, o sea no todas encuentran su lugar en esta hoja que todavía espera su historia con ansías pero todavía no muy convencida de entender cual es la que encaja con lo que ella quiere. De un momento a otro, ese bache es tapado por la idea que, al final, afloró casi de milagro por que es en esos momentos, cuando nadie dice nada y se puede escuchar el silencio del que piensa mucho, en donde la desesperación esta por hundirse en esta preciada hoja y, por pura casualidad o, para algunos, por magia, que esta idea llega a llenar esta preciada hoja en la cual la escritura termina de llenarse como el agua que viaja en la superficie sin contenedor y se extiende por toda ella para satisfacer al creador, de lo que hoy en día, llamamos historia o cuento, o lo que uno quiera pero que este escrito. Es en ese momento, donde la felicidad de haber destapado la idea y de haber podido expresarla como el arte en la antigüedad, llena la mente de uno y se ve reflejado en el cuerpo que descansa tranquilo y feliz, recostado sobre el asiento y seguro de haber hecho la mejor historia de esa idea; aún sabiendo que los errores son el relieve de la hoja en cuestión.

Puñal Amoroso

Puñal amoroso
La noche lo cubría todo, pero sólo los ciegos se hubieran dado cuenta que el amanecer no tardaría en aparecer. Las nubes se inquietaron, no sabían cómo iba a suceder, pero sabía que sucedería. La Luna había dejado advertencias, pero sabía que al final no serviría de nada ya que las sombras ocultan la verdad, la luz, las sombras ocultan el deseo y emborrachan la mente hasta el punto de la locura. La Luna ya se debía ir, las estrellas prometieron serle fieles. Empezó a subir las escaleras. Estaba a punto de traspasar la puerta cuando un pequeño ruido se oyó al otro lado de la puerta hizo que se tranquilizara y alarmara. Abrió la puerta, al otro lado, su inalcanzable luz se encontraba en una forma extraña, el cuerpo que estaba viendo brillaba, poseía su túnica habitual escondiendo todo su ego e intentaba demostrar humildad en un cuerpo que estaba siendo consumido por lo perfecto. Encima se reía con la naturalidad de alguien que sabe que todos los admiraban, tampoco se equivocaba. Su túnica dejaba ver uno de sus musculosos e irresistibles brazos y lo mismo ocurría con sus piernas, irresistibles.

Al otro lado de la puerta estaba ella parada observándolo y suponía que estaba juzgándolo, lo mismo que estaba haciendo él. La veía con su túnica que intentaba demostrar humildad, pero demostraba algo completamente distinto. Su cabello plateado brillaba como la luz de las estrellas y sus ojos grises eran irresistibles. Cuando los veías te perdías en un mundo plateado en un claro de un bosque, era una noche plateada.

-¿Cómo has estado? dijo él con voz neutra.
-Muy bien y tú/vos? dijo muy resuelta, casi como una niña pequeña que le hablaba a un mayor.
-Yo más que bien-dijo con orgullo, mirándola con adoración.
La Luna no resistió esa mirada, ya sabía lo que tenía que hacer. Se tiro a los brazos de él, las sombras no entendían como podía haberlas traicionado así y él, tampoco tuvo mucho tiempo de reacción, se sintió muy bien al sentir el rosee de su cuerpo con el de ella. Él no se dio cuenta de nada, la Luna ya había obrado a la perfección, hasta sus ciervos creyeron la traición. Nadie se percató de la daga plateada que estaba sosteniendo con la mano derecha y que rápidamente se acercaba a la espalda del Sol.
Él la estaba admirando, hasta que antes de que sus labios se tocaran, sintió el frío glacial del filo de la daga atravesando las capas de su piel, una sangre dorada empezó a huir por el hoyo que había abierto la daga. La empujó y la miro como quien mira a algo asqueroso.
-Eres un asco, brillas pero por dentro eres igual a una repugnante sombra- Le dijo el Sol con la misma mirada que antes.
-Todo lo que tiene una llama alguna vez se tiene que apagar, no?-dijo la Luna con una sonrisa gélida, que asustó a todas las sombras.
Las sombras miraban a la Luna con admiración, aún habiendo creído que las había traicionado hace unos instantes. Rápidamente y sin que el Sol se diera cuenta, las sombras empezaron a volar con sigilo, mientras el Sol discutía con la Luna. Se pusieron atrás de él , pudieron ver la sangre del Sol manar y , también, pudieron ver el puñal de su ama clavado en el mismo lugar.
La Luna dio una imperceptible señal y todas las sombras se arrojaron sobre él, tapando la única luz del día. Todo se oscureció.
El Sol, por la sorpresa y la reciente herida, tardó en reaccionar. Rápidamente se vio sumergido en una oscuridad absoluta, en ese remolino oscuro, pudo ver la cara de las asquerosas sombras. Eran sangrientas, sus ojos eran la manifestación de la maldad, tenían su asquerosa boca llena del deseo eterno de sangre. El sol se embriagó con la esencia del terror.
La Luna creyó haber ganado la guerra y gritó
-Que fácil es vencer a la luz, si tienes la sombra necesaria.
Dio la espalda a su adversario y , unos instantes después, sintió un temblor asombroso, la oscuridad pareció extinguirse. La luz provenía de donde estaba tirado el Sol, había sido una explosión.
Las sombras pálidas por el contacto con la luz, se cayeron casi como plumas. No podía reaccionar, muchas se desintegraron, otras se recluyeron a espacios olvidados, sin nombres donde la luz no podía penetrar. En un mundo lejano dentro de un árbol, el silencio se movió en su reposo eterno.
-¿Creías ganarme así? Que perdedor de tu parte- le escupió triunfante, ahora sin temor alguno.
-Hay que intentar, no es verdad?- dijo risueña la Luna, pero en su silencio interno sabía que el temor era la única sensación que podía dominarla; pero, para su sorpresa, otra sensación estaba vigente, ya sabía por que lo había amado.
El Sol la miraba con su mirada gélida, pero en su interior un calor interno empezó a abrumarlo, rápidamente supo porque la había amado.
-Es verdad hay que intentar, ahora es mi turno- dijo el sol risueño pero con la misma mirada solemne.
El Sol utilizó gran parte de su poder y generó siete esferas de fuego, que hicieron reaparecer el día. Había amanecido. Le arrojó las siete bolas de fuego, pero la Luna con la velocidad de una gacela, las esquivó con gracia y facilidad.
La Luna hizo aparecer su arco y flecha y empezó a arrojar infinidad de flechas con estelas plateadas; pero el Sol , sin siquiera moverse, utilizó el fuego que rodeaba su figura humana para incinerar las flechas y que lo único que lo toque sean las cenizas producidas por ellas.
-¿Es todo lo que tienes?-preguntó el Sol ansioso y excitado por la adrenalina de la batalla; la respuesta no tardaría en llegar.
La Luna hizo un ruido con la boca, que ensordeció al Sol por unos instantes. El Sol pensó que había sido una maniobra de distracción, pero, para su sorpresa, ese extraño y ensordecedor sonido había sido la llamada a uno de sus sirvientes.
La estrella había sido llamada por su ama y al haber jurado lealtad, tuvo que acudir enseguida y sin protestar. Cuando vio al Sol se dio cuenta de lo hermoso que era, a su vez, su determinación de atacarlo se esfumó en el aire; aunque tenía que mantener la promesa de lealtad hacia su madre, La Luna.
El Sol vio a la estrella, o eso suponía que era ya que se había arrancado del firmamento para acudir a la batalla. Para el Sol era una bestia muy bella, tenía la forma de un alce pero era mucho más grande que un Alce normal y poseía pelaje y unos cuernos plateados casi como el cabello de la Luna y unos ojos tan grises como los de su madre. No estaba seguro de querer atacarla, pero si ella lo atacaba, él tendría que defenderse. La Luna le dijo algo a la estrella, que el sol no pudo entender; pero supuso que era la orden de atacarlo, porque la bestia, después de eso, lo embistió de una forma brutal.
Su madre le había ordenado que cumpliese su rol en el plan y eso haría. Estaba el Sol parado en frente de ella sin hacer nada, solo cuando sus cuernos estuvieron a muy pocos metros de él, él simplemente se corrió para un lado esquivando la embestida, eso hizo que a la siguiente embestida la estrella embistiera de aún más fuerte. Pero el Sol pudo esquivar todas sus embestidas sin si quiera realizar demasiado esfuerzo.
La Luna parecía indignada ante la actuación de su hija, estaba a punto de hervir de ira. En cambio, el Sol la estaba pasando genial, parecía divertido ante la perspectiva de que una bestia lo embistiera sin frenar y de una forma brutal. Unos minutos más tarde, cuando el Sol creyó que ya era suficiente, en una de las embestidas de la estrella, tomó uno de sus cuernos y con muy poca fuerza la estampó contra el piso de las escaleras.
Cuando sintió el doloroso piso de piedra contra su cuerpo, lo único que fue capaz de articular fue un gemido. El dolor se expandió rápidamente por todo su cuerpo. Le sorprendió la fuerza del Sol, aunque suponía que el Sol la había tratado suavemente. Todo iba de acuerdo con el plan.
-¿Eso es todo, Lunita mía?- dijo eufórico el Sol, pensando que la estrella había quedado malherida o inconsciente; aunque también rezaba por que no se hubiera excedido de fuerza, ya que había una posibilidad de que la estrella muriera.
-Tranquilo, primero los inservibles, luego los mejores-dijo la Luna sin importarle como recibiría ese comentario su hija.
La estrella se sintió herida más por el comentario que por la colisión contra el suelo que había sufrido apenas unos instantes antes. Aunque sabía o quiso creer que ese comentario era parte del plan.
-Creo que tu estrellita hizo más de lo tu puedes hacer- dijo el Sol insultando a la Luna, intentando hacer que caiga en la trampa.
La Luna cegada por la ira se lanzó al enfrentamiento con apenas un puñal. Para cuando se había percatado, el Sol ya la había agarrado y tirado al suelo como su fuera un bebé.
-Demasiado fácil, aunque cuando estás enojada eres aún más hermosa- le dijo el Sol, luego tomó su puñal y lo pasó muy suavemente por la cara de su adversaria. El Sol no podía ocultar sus sentimientos, ese paraje en medio del bosque que había encontrado en los ojos de la Luna, ahora lo quería rellenar con ella.
Eso último hizo que la sensación que había sido encontrada en medio del caos del temor en la Luna, germinara, dándose cuenta que aquel que era su adversario, era también el amor que nunca podría tener.
La hija de la Luna viendo todo desde atrás, sin poder darse cuenta de nada, pensando que el hermoso Sol estaba lastimando a la gota de plata que era su madre, arremetió por la espalda del Sol, que estaba admirando la belleza de la Luna, sin poder reaccionar.

La cara de la Luna era hermosa, cada parte de ella era un refugio para el Sol. Los ojos de él se humedecieron al presenciar tanta belleza junta, nunca se hubiera perdonado si hubiera matado a esa luz plateada que iluminaba la oscuridad.
La Luna se había quedado sumida en sus pensamientos admirando la belleza de su enemigo. Esos ojos dorados albergaban, para ella, una paz y tranquilidad que ella deseaba poseer, esa paz era lo que ahora los rodeaba a los dos, que estaban fuera del entorno como si ya hubieran llegado al claro del bosque en el mundo plateado; su cabello dorado era la iluminaba, eliminando la oscuridad que reinaba alrededor de ellos. Pero siempre volvía a mirar a esa paz de los ojos, pensó que siempre vería esos ojos; pero un asta , que ya conocía, atravesó la paz interior de uno de los ojos y el otro asta atravesó el punto donde se encontraba el corazón, llegaron como ráfaga del viento que atrae a la tormenta hacia un día soleado.
El Sol sintió como dos cosas sólidas le atravesaban el cuerpo, una le atravesaba el corazón y la otra le atravesaba uno de los ojos. La cara de la Luna pasó de estar tranquila ha estar pasmada por el horror de lo que estaba viendo. Lo último que pudo oír de su amado fueron sus gritos de dolor quebrando a la ráfaga de viento, intentando que la tormenta no llegase; pero ella estaba ahí, ya lo había arruinado.
Casi al instante en que una de sus astas atravesó el corazón del enemigo de su madre, hubo una explosión luminosa y ella salió despedida hacia atrás.
Por el agujero donde se suponía que estaba el corazón, salió una bola pequeña y luminosa que en pocos segundos desapareció. La oscuridad total reino de nuevo. La noche, traída por la tormenta, volvía a su poder absoluto.
La Luna con lágrimas en los ojos y salpicada de sangre de su amado, tomó un puñal y ordenó a su hija que fuese hacia donde ella estaba.
La estrella temblando de pies a cabeza por el miedo que le tenía a su madre, quiso huir, pero la lealtad que le había jurado la mantenía atada a la Luna. Así que se resignó y con temor aceptó su destino.
La Luna vio llegar a su hija y cuando estuvo lo bastante cerca, la abrazó.
La cierva pensó que su madre la perdonaría, pero instantáneamente después de ese pensamiento, sintió el frío del cuchillo en su cuerpo.
La Luna se deleitó al ver la cabeza de su hija desprenderse de su cuerpo lentamente. Y antes de que se desprendiese totalmente gritó con ironía.
-No te perdonaría ni aunque fueras mi hija-
La Luna volvió con su amado. El sol yacía en el mismo escalón que antes, no se movía. La Luna al verlo se apaciguó y acercó sus labios manchados con la sangre de su hija y la del Sol, hacia la boca de su amado y todos sus sentimientos se transformaron en ese beso, formando la unión perfecta de las mitades, el odio con el amor, la luz con la oscuridad, la Luna con el Sol. El rostro del Sol se impregnó con las lágrimas de La Luna.
Los mortales pudieron ver como se formaba un eclipse eterno, sintieron las lágrimas de la Luna y percibieron el alma libre del Sol.

Deprimida cita en un hoyo de oscuridad

Era tarde, bajé en ascensor hasta planta baja. Me sorprendí al ver que no había autos, era raro siendo viernes a las nueve y , por alguna extraña razón, me sentí solo, muy solo, casi como si fuese el único humano vivo. Dejé de pensar en eso, y me fijé por vez primera, que la pintura de las paredes no me gustaban, eran de color gris, no me gustaban no por que estuvieran mal pintadas sino que no encajaban con el lugar, era una sensación rara porque rápidamente me identifique con ellas. Yo me sentía fuera de lugar, yo no encajaba con la gente, no importa como fueran, ni en que creyeran, ni si eran ateos. Simplemente yo no encajaba.
Subí a mi auto, que fue un regalo de mis abuelos por haber terminado la secundaria. Era un auto rojo, yo imaginaba que era una Ferrari; sin embargo, era un Ford, eso sí , era nuevo pero no llegaba ni a los talones de la Ferrari. El manubrio era lo que más me gustaba por que giraba suave y limpiamente, era de color negro. Los asientos eran duros, incomodísimos pero no me podía quejar ya que era lo único que tenía, el embrague no me gustaba, pero tampoco me molestaba.
Abrí el portón del edificio, era difícil hacerlo por que estaba oxidado, generalmente eso me molestaba; pero no, ese día no molestó ya que era uno de los días más importantes de mi vida, así que cerré el portón y salí con el auto a la calle. La oscuridad era el pelaje que ocultaba a mucha gente por la noche; yo salí igual. No había mucha gente en la calle, quizás era por que hacía frío y era de noche.
Por el camino no ocurrió nada importante más que un choque, no me acuerdo por cuál calle fui hasta el restaurante.
Llegue al restaurante, se llamaba La Segunda mirada, un nombre peculiar ya que parecía mas de novela que de restaurante. Me abrieron la puerta dos mozos, uno era alto, viejo, tenía muchas arrugas en la cara, más que nada debajo de los ojos; en cambio, el otro era bajito, rubio y joven. Cuando entré, noté un clima de una tranquilidad infinita, muy distinta al de la calle. Aunque en ella no hubiera gente, siempre había un clima tenso. Adentro estaba tranquilo y oscuro, cosa que me sorprendió ya que desde afuera se veían más luces, pero no importa eso era algo de menor importancia; las paredes no ayudaban ya que eran de color negro, tampoco había decoración alguna en ellas. Las mesas eran triangulares, de color negro; los cubiertos también eran de color negro, me di cuenta que todo era tan oscuro que me deprimía. El piso no se veía si estaba sucio o limpio, el problema era que también era de color negro, era un mar negro, no sabías en que estabas parado sino que lo único que sabías era que había algo abajo tuyo.
Me dieron una mesa pegada a la ventana que daba a la calle por que las otras estaban ocupadas por gente que yo no veía. Faltaba un minuto y ella estaría allí sentada junto a mi comiendo. Al darme cuenta de las gotas que caían desde mi cara a mi mano, me apresure a ir al baño a secarme. Estaba muy nervioso.
Cuando llegué, con las pobres indicaciones de uno de los mozos, me miré al espejo y agarré el papel para secarme las manos y me sequé la cara, no quería quedar mal con ella. Me percaté que el baño era grande, no tan oscuro como el restaurante; cuando empezaba a gustarme el baño, me di cuenta de la suciedad que este tenía, ya no me gustaba más, me repugnaba. Si hay algo que odio es la suciedad. Me peiné y salí.
Después de salir del baño fui hasta la mesa pensando en mandarle un mensaje a ella para suspender la cita y cambiar el restaurante elegido por mi, por que ahora todo se veía más claro, toda la suciedad que mi nerviosismo tapó, ahora salía a la luz. Ese lugar me daba asco; sin embargo, no podía cancelar la cita ya que si lo hacía ella se molestaría mucho y yo no me podía permitir que eso pasase.
Miré el reloj, ya se había retrasado media hora, se abrió la puerta, pero no era ella. Estaba empezando a deprimirme, pero se me ocurrió que quizás cuando fui al baño, ella había llegado y sin verme se sentó en otra mesa y con toda esta oscuridad yo no la había visto y ella tampoco a mi. Fui a revisar cada mesa, la gente me veía con mala cara, debía de pensar que era un mendigo y que iba a pedirles una moneda , interrumpiendo y arruinando sus conversaciones.
Sin embargo, no estaba en ninguna mesa, de hecho seguro estaba sentada con alguien mejor que yo, en un lugar más limpio y mejor; pero no me deje vencer por esa idea y esperé pacientemente en mi mesa.
Miré mi reloj, ya se había retrasado una hora y media. Estaba deprimido y nervioso, esto último por que el mesero me miraba con extrañeza, por que primero fui a un restaurante, pedí una mesa de a dos y no pedí nada; por otra parte, el mesero también me creía loco por que estaba hablando solo, sin hacerlo en un tono muy alto diciéndome que ella iba a venir.
De repente, se abrió la puerta, tenía que ser ella. Era ella. Estaba emocionado. Le grité, cuando se dio vuelta, mis esperanzas se desvanecieron.
Me cansé, fui hasta el baño, el moso me vio. Abrí la puerta del baño, para algo había traído la navaja y era por si pasaba lo que me estaba pasando esa noche. La hoja de la navaja iba con fuerza con dirección a mi yugular, la navaja era imparable. Se oyó la campana de la puerta y luego la voz de una joven. Sí era ella, preguntaba por un joven, describiéndome, exactamente era yo; pero la navaja había cumplido su trabajo como emisario de la muerte.
Por última vez, el perfume de su amado rostro desaparecido tras la puerta, yo sentí.

Una noche relapagueante

No pude escribir por un largo tiempo y por eso decidi postear este mini relato como para  mechar algo antes de decidir cual va a ser la continuación del silencio de la noche otro relato mío aca dejo el Link(https://kassadined.wordpress.com/2015/09/06/el-silencio-de-la-noche/). Espero que les guste, cualquier crítica va a ser bienvenida con gusto.

La noche había cubierto todo, dentro de ella en una casa se encontraban tres chicos esperando a sus padres. Con miradas ausentes se veían entre ellos y no se atrevían a mirar más lejos. Solo uno de ellos, el mayor, no tenía miedo( o no aparentaba tenerlo) y trataba de calmar a sus molestos hermanos menores. El mayor sólo veía esa noche como una cualquiera, solamente que sus padres no se encontraban con ellos y eso hacia que los menores tuvieran miedo. Los hermanos menores estaban acostados en sus camas, pero de tanto en tanto, miraban a sus hermano mayor para que su miedo decreciera. El mayor miraba por la ventana que daba a la calle esperando a que llegaran sus padres, sin embargo, cada vez tenía menos esperanzas de que su deseo se concretara.

El mayor se empezó a impacientar por las molestas preguntas de sus hermanos, que eran del estilo cuándo van a llegar, les habrá pasado algo; y esa impaciencia lo llevaron a querer gritarles que se calmaran, pero ese grito fue interrumpido por una figura oscura que estaba en la puerta de su casa, mirando hacia su habitación por la ventana. El mayor creyó que podía ser su padre, pero rápidamente descartó esa idea ya que no tenía sentido que su madre no estuviera con él; volvió a mirar para ver a esa figura en la oscuridad, pero para acrecentar su temor, esa figura había desaparecido y unos ruidos extraños se escucharon en la planta baja de la casa. El niño hizo lo único que se podía esperar de él, se tapó todo el cuerpo con la sabana y se hizo el dormido, sus hermanos lo imitaron; estuvieron así durante varios minutos, casi media hora había pasado desde aquel incidente y el mayor decidió que ya había pasado y que podrían salir de su “escondite”.

Pero para su desconsuelo, sus padres todavía no habían llegado y faltaba mucho tiempo todavía para eso o eso era lo que suponía, así que no tuvo otra mejor idea que contarles una historia a sus hermanos, así pasaba el tiempo y le bajaba los nervios a sus acompañantes. Les dijo que les iba a contar una historia y la idea les pareció una buena forma de pasar el tiempo, aunque en el fondo era para olvidarse por un momento su miedo de esa noche.

Así que el mayor de ellos comenzó a contar su historia de la siguiente forma: En una noche en el medio de un bosque desconocido, tres niños ,no más grandes que nosotros, estaban a punto de echarse a dormir y soñar con un mundo tan disperso como el mar. Cada uno poseía su propia cama, pero todos residían en la misma habitación y esa habitación poseía una única ventana, esa única ventana daba hacia el lago que había enfrente de su casa. Intentaron dormirse, pero les fue imposibles por la desquiciada tormenta que se había levantado esa noche; como la tormenta les asustaba mucho, empezaron a hablar de cosas de niños, cosas que muy pocos le hubiesen encontrado sentido.

El hermano menor interrumpió la historia queriendo saber de qué cosas estaban hablando, pero el mayor se impaciento por la interrupción y , sin responder, siguió con la historia.

Y así los tres hermanos durante la tormenta pasaron el tiempo; sin embargo, en un momento estalló un relámpago y un trueno retumbo para cortar con la tranquilidad de la noche, la ventana se abrió y los tres niños se asustaron, por ella entró algo que nadie pudo ver y escuchó la conversación de los niños, robándoles su niñez, haciendo que pierdan su inocencia.

Ya nadie pudo continuar con la historia, una risa sangrienta y desquiciada se pudo escuchar en los dos mundos. Los dos cuartos poseían la ventana abierta, el trueno retumbo por segunda vez.

El silencio de la noche

El silencio de la noche

El árbol no se movía, mi mirada no se había posado en él por casualidad sino que mi mente, cansada por la histeria de la ciudad, había decidido buscar la tranquilidad y siempre la encontraba  en ese constante compañero que permanecía inmóvil y alejado de la realidad.  Sin miedo él esperaba y yo abstraído contemplaba maravillado ante la  posibilidad de que mi piel rosara su corteza rugosa, que guardaba a un ser interior dormido en un sueño placido, que mientras dormía, bailaba con la llamada del viento, que era la invitación a dejar libres a sus dominados, que volaban alejandose de la realidad y felizmente se despedían.

Yo seguía mirandolo; pero la gente, para mi sorpresa, no lo veía. No entendía como podían dejar de lado a un ser con tanta voluminisidad. Ante mi impresión, las raíces lloraban agua y la corteza despedía a la savia, formando la  perfecta unión de los líquidos, igualando la conexión entre el árbol y yo, una conexión de la cual yo no estaba enterado.

La gente seguía pasando sin mirarlo y eso me indignaba, antes lo tomaba como algo incompresinble; pero ahora, lo tomaba como una ofensa contra mi querido compañero. Las nubes, en cambio, transitaban en su mar celeste demostrando el perfecto respeto que le tenían.

Me di cuenta que yo era algo insignificante comparado a él y , por un instante, tuve miedo a ofenderlo de tanto observarlo. Sin saberlo, yo le demostraba un respeto que pocas veces era tan natural con el otro, sin notarlo, estaba siendo dominado ante aquel ser tan mágnifico que era el guardian de algo que yo conocía; pero que nunca había visto. Este ser sabía que yo no entendía en presencia de quien estaba, para mi él era un compañero y para los ojos ciegos, él era el guardian de un secreto, que silencioso se ocultaba de los oídos de los demás.

Los oídos más agudos se hubieran dado cuenta de que el árbol cantaba, pero nadie hubiera sospechado que lo que cantaba era al mismo silencio, señor de la tranquilidad, dueño de la paz y estallante de la palabra. Me di cuenta de que había algo raro, teniendo a toda la ciudad cerca, yo no escuchaba nada como si estuviera en una átmosfera formada alrededor de el árbol y alrededor mío. De a poco, me di cuenta de que ya no estaba observando todo desde el exterior; mi mente dormía en un lecho de hojas que no crujían, sino que eran el sonido silencioso del mismo silencio. El guardian me había dejado penetrar su rugoza corteza y me permitió compartir espacio, con lo que yo no sabía, era el silencio. Tampoco sabía que una vez permitida la entrada al mundo donde las palabras eran silenciosas y donde se encontraba facílmente la paz interior, nunca más  se podía salir.

El tiempo no tenía acceso a este mundo y por esto, no sabía cuanto había pasado de la caída a los dientes del silencio; pero en unos de mis viajes a los lugares más profundos de mi mente, entendí que ese mundo se asemejaba mucho a un lugar de la otra realidad, al silencio de la noche. Desde entonces, mi mente desesperada se preguntaba cuando iba a amanecer.

Ecos de muerte

Ecos de muerte

La noche era un manto sin estrellas, siempre me cubría pero, nunca hasta esa noche, le había prestado atención. Antes de entrar a casa, donde la atmósfera estaba tan tensa que, apenas con un mínimo comentario, todo podía estallar. Justo cuando estaba por girar el picaporte que llamaba y deseaba ser girado, yo mire hacia arriba donde las estrellas se ocultaban y pensé, reflexione en todo lo malo que me había pasado al tomar la decisión de unir mi camino con él y , casi sin miedo, tuve la idea de escapar de ahí e irme muy lejos; pero, por todo el miedo que él me generaba, no podía, simplemente temía su reacción, ese ser que yo tanto había amado y que ahora ya no reconocía, como si hubiera desaparecido bajo el manto del anochecer.

Al estar pensando tan profundamente sobre estas cosas, casi no había escuchado mi teléfono. Tenía un mensaje y , por mala suerte, era uno de él, preguntándome donde estaba; aunque en los mensajes uno no podía saber en que estado estaba el otro por que las letras son  signos mudo que se leen según la interpretación del receptor, sin embargo, me imaginaba a él gritando y queriendo, violentamente, lastimarme). No le respondí, sino que sólo me digne a entrar a casa, y a abandonar la compañía del anochecer y las estrellas, junto con la tranquilidad de la noche. Finalmente, tomé el picaporte con mi mano sudorosa del miedo y cumpliendo el deseo del picaporte, lo giré. Sin saberlo, había cometido el peor error de mi vida, había entrado en la boca del lobo.

Entre y sentí la maldita tensión que había en el aire y un escalo frío recorrió mi espalda. Como esperaba, su único sombrero y su impermeable estaban colgados en el perchero, rápidamente pensé en la lluvia que nos había atormentado durante todo ese día y entendí por que estaban mojados; escuché su voz proviniendo del comedor, entonces decidí ir a mi habitación, que se encontraba en el segundo piso; cuando estaba recorriendo el trayecto que había de la entrada hasta las escaleras, me encontré observando una taza que estaba hecha añicos por la discusión rutinaria ,desde hace meses, de los desayunos, decidía hacerme cargo mas tarde y seguí mi camino. Subí. Me bañe. Oía como ecos la voz de él, que penetraban y traspasaban mi santuario, que era el baño. El único lugar en donde él no podía hacer nada era el baño. Una vez terminado esto, me puse a leer y ignore los gritos de esa pesadilla que me atormentaba todos los días con su presencia, eso me costo muy caro ya que , unos minutos mas tarde, subió y me empezó a gritar, me arrojó una taza que a duras penas logre esquivar y me insultó quitándome el derecho de ser un individuo, sintiéndome como un espectro sin alma y sin felicidad. Me sometí y baje a cocinar, lo hice casi con odio pero este estaba tapado por el miedo de la reacción de aquel ser sin corazón. No dijo nada. Creí por un momento que la cena sería tranquila, pero a los pocos minutos me dijo que la comida estaba fría o fea, no entendí bien por que estaba pensando en qué me haría; casi por instinto, me agache y pude ver como un plato de porcelana(que me había dado mi abuela para mi casamiento) estallaba contra la pared, dejándole otra cicatriz de las peleas que teníamos. Una lágrima cayo por mis ojos, que estaban a punto de estallar de la impotencia de no poder luchar y de tener que soportar cualquier cosa con tal de sobrevivir; él lo notó y se rió. Me levanté y no me moví hasta que el me permitiera hacerlo; sin embargo, al haber estado llorando no me había dado cuenta de que él se había parado, y que con una fuerza animal, una de sus manos se acercaba peligrosamente a mi cara, dejándome una marca, una advertencia ; además, era su forma de hacer que yo le tuviera miedo y ,efectivamente, él así lo lograba.

Empecé a ver que el piso se llenaba de sangre y mire mi rostro en el espejo, asustada por lo que me había hecho y , también, por que de una de mis cejas, emanaba sangre constantemente; le dije que iría al médico pero no me dejó por que tendría que explicar la causa de la herida y él se vería involucrado como sospechoso; así que me curo a herida diciéndome que era una inservible y cosas por el estilo. Cuando terminó, mire el reloj, disgustándome al saber que tenía que pasar tres horas más hasta que él se fuera a dormir; pero, por suerte, él se fue a mirar la televisión y yo pude , por unos instantes, leer una hora y disfrutar de una privacidad que pocas veces tenía.

En ese tiempo, mientras la luna cada vez se hacia mas presente, tuve la idea de llamar a la policía y denunciarlo; pero sabía que me él me detendría antes de lograrlo, o me lastimaría físicamente hasta matarme; también pensé en escapar, pero era más complicado que la primera opción así que llegue a la conclusión de que no podría realizar ninguna de las dos opciones. En mi tristeza, me puse a contar estrellas y a mirar la luna; me imaginaba a mí sola, en una fantasía donde la gente como él no existía y que todo era feliz; sin embargo, esta fantasía fue interrumpida por sus gritos y los sonidos de cosas al estallar contra las paredes. Tuve el valor de bajar e intentar tranquilizarlo, apenas me vio, me arrojo una taza que hábilmente esquive, pero que al estallar uno de los pedacitos me rasgo la piel de mi brazo derecho, empecé a llorar. Entendí que si eso seguía así, en unos días moriría; así que agarre mi celular y llame al 901 para denunciarlo, pero él me escuchó y , rápidamente, subió las escaleras pero ya era tarde, la policía vendría mañana a las 6 de la mañana para verificar que la denuncia fuera verdadera. Él, sabiendo que si mañana no se iba iría preso, me agarro por los pelos y me arrojo por las escaleras, justo en el último escalón me golpeé la cabeza con uno de los escalones y mi cabeza me dolía y sentía un calor insoportable, me toque la cabeza y verifique que me sangraba. Me levantó y me llevó a una silla, agarró un cuchillo y me empezó a cortar levemente en distintas partes de mis brazos, yo gritaba del dolor que me consumía pero él se reía y me dijo; “fuiste muy tonta al denunciarme, yo me voy a ir al amanecer y los policías van a pensar que los engañaste”, también me dijo: “ a cada acción siempre hay una reacción, y cada uno se tiene que responsabilizar por sus acciones, vos sabes que esto es por tu bien. Tenes que entender que te castigo para que seas mejor, en el fondo sabes que esto es por tu bien”, a cada corte, él repetía ,en voz baja, que era por mi bien. Él había enloquecido, había empeorado su locura. Ahora me hacía pequeños cortes en las piernas, casi disfrutando de la situación, parecía un niño en cualquier feria jugando a su juego preferido. Mi cuerpo estaba bañado en sangre y en lagrimas.

Agarró el cuchillo, emisario de la muerte, y lo paso por mi pecho donde estaba el corazón; lo mire a los ojos, por un momento su cordura había reaparecido y no lo dejaba hacerlo, pero sus ojos volvieron a ser los del demente de antes, soltó el cuchillo pero empezó a pegarme en la cara y en el estómago. Grité una vez más, estaba por caer desmayada, mientras pensaba que aunque el fuera tan malo conmigo, lo necesitaba; recordé cada momento feliz de mi vida, pensando en que iba a morir. Me desmayé, sólo la luna sería testigo de si moriría o viviría.

Me desperté, fui a la cocina. Todavía no se había levantado. Me costaba moverme, tenía muchos moretones y cortes. Pensé en la rutina de siempre, echó café en la taza, echó leche en la taza…

El castigo

El castigo

Diana abría sus ojos

y la luna sangraba de sed

como las últimas espumas

que cruzaban el mar murmurando.

Cayó como un perro al morir,

gimiendo y agonizando,

al ver su cara a través de una máscara,

se convirtió en piedra.

Era una estatua,

enredada entre dos mundos,

en un laberinto antiguo sin salida.

El tiempo ya no corría,

la noche desfilaba sin pasar,

interminable fue el castigo,

donde las panteras desgarraron su alma.

La llegada de la tormenta a las aguas tranquilas

Bueno antes que nada les quiero aclarar que estoy publicando esto para saber su opinión, ya que si les gusta seguire con esta historia( si no les gusta, bueno pensare otra mejor o, me pueden ayudar a mejorarla con su opinión). Por favor dejen comentarios asi los tomo en cuenta para seguir, cambiar o modificar según les parezca.

Como veran la historia ( si llego a seguir escribiendo) todavía no tiene título sino que tiene títulos por capítulo. Además, si la leen, se daran cuenta que el personaje no es adulto pero tampoco tiene 5 años, por esto, si quieren que escriba sobre la infancia del mismo solo tienen que decirlo.

Todavía no defini si habra magia, o si sera una historia puramente realista. Este texto es capítulo, pero mas que nada es como una introducción. Espero que les guste.

           La llegada de la tormenta a las aguas tranquilas

Era una mañana vulgar como cualquier otra. Las nubes se movían en la misma sinfonía de siempre, algunas iban hacia donde estaba el sol y las otras, hacia las montañas; el sol resplandecía en el este, transformándose, sin saberlo, en el guía de muchos barcos que iban a la deriva por el mar. Yo cumplía la misma función de siempre, atender a la gente en el bar que había heredado de mi padre. Él no había muerto, simplemente me había abandonado hacia años cuando yo apenas cumplía mis diez años de edad, fue un hermoso regalo de cumpleaños ,por cierto; yo simplemente pase todo ese cumpleaños llorando en el árbol donde pasaba todos los momentos tristes de mi infancia, el árbol era mi refugio, tenía una rama por la que cualquier niño se podía subir y por lo tanto, yo aprovechaba eso para treparme e imaginar que desaparecía de las miradas y los recuerdos que me atormentaban. Cuando mi madre falleció o desapareció( nunca lo supe, mi padre nunca hablaba de eso), también fui al mismo árbol; aunque en ese momento tenía a mi padre que también funcionaba como refugio para mi.

En fin, esa mañana no pasaba nada extraño, la misma gente de siempre frecuentaba el bar y me pedía uno de esos tragos, que para todos eran un misterio; aunque en realidad, sólo eran jugo de algunas frutas exprimidas mezcladas con alcohol, pero eso hacía que yo ganara algo de dinero, ese misterio era el que hacía que la gente viniera al bar. Aunque los pocos que siempre venían, en mi opinión, ya sabían el secreto pero se dejaban llevar por el simple hecho de que yo proponía que ellos sean actores dentro de mi propio escenario, que eran todos los días del bar.

El bar no era muy grande; sin embargo, era muy antiguo y tenía su propia esencia, su perfume a cerveza en los tapices de las paredes, los cuales tenía manchas que actuaban como cicatrices de guerras peleadas mientras estaba mi padre; el piso era de madera y crujía cada vez que entraba una persona al bar o , alguna de las cuales ya estaba dentro, se paraba para ir al baño o para ir a la barra y pedir un trago; las paredes, como ya dije antes, estaban tapizadas con tapices de color rojo, aunque el tiempo había ido derrumbando todo su esplendor hasta el punto de que ahora eran , simplemente, horribles; sin embargo, al ser horribles encajaban muy bien con el bar, ya que la gente que lo frecuentaba no era muy fina y quería un lugar de tranquilidad, sin todos los gritos o movimientos que se producen dentro de los bares mas renombrados; en el bar, sólo había dos ventanas, las cuales daban a callejones sin salida. En fin, todo encajaba creando una atmosfera perfecta ya que el paisaje que se formaba era simplemente horrible y eso encajaba con los actores, que sin saberlo, actuaban para mi, en mi bar.

Nadie pedía nada, como era de esperar. Entonces, me puse a barrer el piso, casi como un robot por que lo hacía casi monótonamente, conocía tan bien al bar que ni si quiera me fijaba como estaba el suelo, sino que ya sabía o , mejor dicho, sentía que estaba perfecto y así se quedaba. En eso, casi rompiendo con la cotidianeidad, entro un murmullo de afuera, por lo tanto, mire asombrado la puerta que se abrió de par en par, dejando entrever , para el asombro de todos, a una sola persona, de hecho era una mujer. Ella era morocha, su color de pelo me hacia acordar al de mi madre y yo a mi madre siempre le decía que tenía el pelo como las noches del invierno, sus ojos eran casi tan claros como los míos, de hecho encontré algo familiar en ella; aunque ,en ese momento, no supe que era; la nariz, ahora que la veía, era igual a alguien, pero la imagen de esa persona la encontraba lejana y borrosa, como si estuviera empañada, intente recordar pero no pude, esto me hizo enojar por un momento, pero rápidamente la volví a mirar. Era bastante flaca, de hecho, ahora que la veía no tenía tantos años como parecía.

La única forma de describir su llegada fue como una tormenta en medio de las aguas calmadas.

La atendí tan rápido como pude. Ahora que la veía, sus rasgos faciales la hacían poseer una sabiduría que era un prejuicio mío( aunque más adelante me terminaría dando cuenta que ese prejuicio no se alejaba de la realidad); si no prestabas atención lo suficiente, no te dabas cuenta de lo cansada que estaba; pero ,para mis ojos, esos detalles eran inocultables. Le lleve uno de estos tragos secretos en una bandeja, sin embargo me dijo que no quería. Cuando la escuche, mi corazón paró, el sistema interno mío empezó a fallar; unas lagrimas cayeron, improvistamente, desde mis ojos y la bandeja se calló también. Mis temores se hicieron realidad, esa imagen empañada ya la podía ver con claridad…

Carta a media mañana con un viento desperfecto

Siempre recuerdo esa mañana, en la cual todos estábamos parados sin decirnos nada pero entendiéndolo todo sin necesidad de esas míseras palabras que llenaban la atmósfera entristecida por la tarde lluviosa. Vos estabas llorando, y yo trataba de actuar una consolación para vos que estabas bañándote en la culpa por haberla perdido de vista, sin tenerla pero creyendo que sí ;y yo, teniendo la culpa, pero ocultándola a todas las miradas que no entendían que había pasado pero imaginaban simples respuestas a el enigma que cubría a todos. Nadie lo podía creer pero la única persona sincera que estaba ahí entristecida por lo ocurrido eras vos y, mirándote, casi me sentí culpable por no decirte la verdad en ese preciso momento, de hecho es por esto que te escribo aún sabiendo que es una carta al aire y, que difícilmente te llegue; aunque, este no es mi objetivo, aún sin llegar la carta cumpliría su función, ya que el desahogo que me produciría sería tan grande como mi culpa, o aún mayor. Fue en ese momento, donde mi actuación cumplió su función, ya que nadie sospecho de mi pero vos me mirabas de una forma extraña, como si pudieras penetrarme con tu mirada y traspasar todos los candados que cerraban las puertas de mis mentiras y dejaban al aire las verdades actuadas por la persona menos sospechosa, y que, precisamente por esto, pasaba desapercibido siempre.

En fin, todo ocurrió rápidamente ya que la adrenalina cubría mis venas, pero yo ahora la sentí en todo el cuerpo, interiormente y exteriormente, sin embargo no pare sino que seguí, la agarre por la muñeca y la arroje hacia el río. Ella pensaba que era un juego, pero mi ira transformaba todas mis sensaciones en odio y, sin saberlo, eso se veía reflejado en las acciones; luego de arrojarla al río, agarre una piedra y la empecé a golpear contra ella, casi de una forma animal. Ella gritaba, siempre diciendo lo mismo, desde que la vi, siempre diciendo lo mismo y siempre en ese tono tan irritante que a cualquiera le hubiera sucedido lo mismo. Paró de gritar. Decía cosas, pero no le encontraba sentido alguno. En ese punto de mi locura agresiva, decidí soltar su mano y su vestido flotó por el agua desprendiéndose de su piel suavemente y librándose de ella y de su esclavitud. Terminado eso, fui corriendo hacia la casa, me sequé y llame a mamá a los gritos y le dije que me había caído al río, obviamente ella me creyó y fue con vos, vos que eras tan perfecta y vos, que yo odiaba tanto por tu perfección, vos que ya habías perdido lo que yo mas odiaba de vos.

Cuando te enteraste y cuando todos se enteraron, solo tuve que actuar ese ridículo papel que ya me tenía cansado. Para mi sorpresa, unos días después me empecé a sentir culpable y así estuve años hasta que llegó este día, en el cual te escribo la verdadera historia de lo ocurrido para desechar mi culpa y para que me odies, ya que yo también te odio por que sos tan perfecta que no puedo dejar de odiarte, tu risa, tus ojos, en todo sos perfecta; en cambio, yo tan imperfecto, como si yo fuera una falla dentro del sistema, como si yo fuera la guerra en un lugar donde reina la paz y vos siempre tan perfecta, y tan relajada haciéndome sentir tan perfecto, por eso te odio y quiero que me odies pero no encuentro motivo para eso y por esto te cuento esto, por esto te cuento la única cosa por la cual me odiarías.

Si yo la maté, ese día hace varios años yo la maté y creó que voy a quitarle a alguien mas la vida, por que es tan triste. Hace años mate a tu muñeca, ahora voy a matar a alguien enserio, por que en algún momento hay que matar a la falla, así, sigue viva la perfección, así sigue viva la paz, por que con guerra la paz no sirve, es algo que no se entiende pero si quitas la guerra la paz resurge y lo perfecto renace.

Te odio, pero me odio mas a mi por odiarte y espero que me odies, aún si nunca nos volvemos a ver, en este sueño que sentiré mas adelante antes que vos.

Espero que entiendas en verdadero significado de esta carta, te voy a extrañar.

Una noche donde se mezclan las realidades

 

La verdad es que cuando yo lo escribí lo hice para una clase donde el profesor nos pidió que nombraramos en el relato un libro que hayamos leído en el verano. En mi caso fue “El nombre del viento”. Para los que lo hayan leído se daran cuenta que, mi cuento( si asi se podrías llamar) tiene quizas cosas que en el mundo de Patrick Rothfuss no encajarían; pero también aparecen cosas como una troupe, etc. Los dejo de aburrir y simplemente pongo el texto.

Una noche de invierno, 3 músicos itinerantes se encontraban alrededor de una fogata. Por supuesto, yo era uno de ellos, mejor dicho, yo era Dain y mis acompañantes eran mis hermanos mayores John y Frank. No eran muy mayores, me llevaban apenas 2 años cada uno, John tenía el pelo marrón, unos ojos marrones como la corteza de un árbol y media unos 20 centímetros más que yo; en cambio, Frank, tenía el pelo color negro como la oscuridad de la noche y era casi de mi misma altura. Por último, yo tenía el pelo castaño, más claro que John, y media casi como Frank; aunque yo era mas bajo.

Esa noche era especialmente fría; aunque para nosotros todas la noches eran iguales, ya que como no habíamos tenido éxito en los pueblos éramos pobres y, por ese motivo, estábamos tan tristes que nos podríamos haber congelado y ni si quería lo hubiéramos notado.  El espectáculo que ofrecíamos en los pueblos era muy bueno, de hecho uno de los mejores( John cantaba, Frank tocaba el laúd y yo, al igual que Frank, tocaba el laúd); sin embargo, la gente en ese momento, no estaba pasando un muy buen momento económico y, por lo tanto, no podía darse el lujo de darle, ni si quiera, lo más mínimo de su dinero a tres extraños que tocaban instrumentos en una plaza, y nosotros no podíamos reprochárselo a nadie.

De hecho, mientras pensaba en lo que había pasado en los pueblos, me dieron ganas de estar en una taberna rodeado de gente que reía a carcajadas, borracha de tanta cerveza, y yo, al mismo tiempo, observando resguardado del viento con una botella de cerveza en la mano y sin frío; pero  en nuestra situación siendo pobres , no podíamos pagar ni si quiera un baso de agua, y con esa tristeza encima, la noche pasaba lenta, me equivoco, no pasaba.

Aunque todos nos sentíamos tristes, cansados y apesadumbrados , no podíamos hacer nada. Así que al igual que en la primer noche que fuimos expuestos y bañados con la escencia de la pobreza hasta la última noche de nuestras vidas,  nos turnámos para contar una historia, esa misma noche , yo iba a contar una historia, o mejor dicho ,  la historia escrita en un libro que había leído hace mucho tiempo, su nombre era :” El nombre del viento”, de hecho les conté todo el libro y con lujo de detalles; aunque, cada tanto, tenía que ir parando por que se me secaba la boca. Sin embargo eso no pareció molestarles, mejor aún parecieron encantados con la historia. Tardé 4 horas, cuando terminé estaba exhausto pero  estábamos encerrados en una magia peculiar que no sabría explicar; era casi como una atmósfera nueva que nos hizo olvidarnos, aunque solo fuera por unas horas, de nuestra pobreza.

Tardamos unos minutos en pensar sobre la historia. Al final empezó a hablar mi hermano Frank, y dijo que la parte que más le había gustado fue cuando Kvothe, el protagonista, todavía vivía con su troupe antes que los asesinaran, aunque Kvothe siguió viviendo por pura casualidad; luego seguí yo, dije que la parte que mas me había gustado había sido la parte donde Kvothe aprendió el nombre del viento; aunque, me desilusione cuando se lo olvido y no pudo llamarlo más. Por último, habló John, y dijo lo más idiota de todo, no apreció nada de la historia sino que se refirió al final abierto con el que había terminado;  sin embargo, me había olvidado mencionarles cuando empecé a contar la historia que había tres libros y que, claramente, no iba a terminar por completo la historia.

Me plantee seguir contando el segundo libro; pero, ya estaba cansado y quería dormir. Y la luz de las estrellas estaba dispuesta para no levantarnos hasta la mañana siguiente. Cuando estaba terminando esa magia, iba a decir algo pero a lo lejos una ráfaga de viento renació, no nos dimos cuenta que el nombre del viento se hallaba en ella …(Lo modifiqué, el otro final:Cuando estaba terminando esa magia, iba a decir algo pero a lo lejos se escucho una ráfaga de viento, se escucho el nombre del viento)

Aclaración:

El nombre del viento no se escucha en realidad( es algo creado por mi), lo aclaro para la gente que haya leído el libro.

Segunda Aclaración: Qué final les parece el más adecuado??(Les pido por favor que den su opinión en los comentarios)

Una noche de tristeza en el Obelisco

Esto es algo que públique en mi otro blog asi qeu no piensen que lo he robado, los dos blogs son míos. Espero que lo difruten.

Noche de tristesa en el Obelisco

Era una noche como todas las anteriores. Se podía ver todo y nada al mismo tiempo, ya que si al todo se lo tomaba como la oscuridad absoluta, se entendía que uno veía todo; pero, si al todo se lo tomaba como esas cosas que quedan atrás, ocultas en el manto que abarca las oscuridad, se entendía que simplemente yo no veía nada. Aunque, siempre había algo que sobresalía en esa oscuridad, mejor dicho, esto la rompía, creaba esa grieta por la cual uno podía verlo, eso era algo especial, algo incomprensible. Por lo menos para mi.

De hecho ahora que recordaba, esa noche era distinta a todas las demás por que llovía, eso hacia que sea aún mas impresionante esa figura blanca que se alzaba entre todas las otras cosas que desde ese punto, perdían toda su belleza. Desde el banco donde siempre me sentaba a observar esa obra de arte, esa belleza que, sin saberlo, en el medio de toda esa oscuridad era un faro para la gente que lo veíamos, parecía, ser de concreto, duro( aunque nunca me atreví a tocarlo), irregular, aunque pareciera tan perfecto geométricamente desde donde yo lo veía, siempre tuve la sensación que si lo tocaba sería tan irregular, que tendría en sus cuatro lados irregularidades y que no sería lizo, que era como parecía; a su vez era de semento blanco. Era muy alto, nunca supe cuanto medía pero siempre creí que debía medir cien metros, nunca supe si eso era ridículo o no, siempre lo creí. Esa mini pirámide o lo que yo llamo “la punta de la lanza”, que es la terminación de la obra de arte, es magnifica, siempre me pregunte si con eso se podría atravesar algo, cualquier cosa, por que desde ahí era intimidante, esa altura que tenía y esa terminación, sería muy doloroso si eso te atravesara. Mi vista se poso como todas las palomas en las ventanas, en la ventana que este cuadro poseía, nunca  entendí por que la habían puesto ahí, ni si alguien subía a ver por ella, pero siempre me imagine en los días mas deprimentes que sufrí, arrojándome por ella y viendo mientras caía el paisaje deprimente que se producía con la ciudad, la lluvia y mis sensaciones vacías a punto de estallar contra el cemento de las veredas. Abrí los ojos y volví al banco donde veía esa figura en la oscuridad, cerré los ojos nuevamente y me sumí en un sueño profundo.

Veía entre imágenes, escaleras, no paraba de subirlas, estaba entre cuatro paredes, no había ventanas. Llegue a un descanso. Descansé. Me resulto extraño ya que no entendía donde estaba, ni tenía la noción de cuanto había subido para estar tan cansado. Me sorprendí prendiendo una linterna, no entendía si estaba en un sueño o qué. Vi una puerta, la abrí y me encontré enfrente de una ventana, me resultó raro, estaba muy alto y no había muchas ventanas, solo había una y yo estaba frente a ella. La rompí, de repente me encontré muy deprimido, y salté. Me sentí liberado de toda la tristeza, mi piel choco o, mejor dicho, rozo la piel de esta figura y encontré que tenía pequeñas irregularidades, era blanca, me raspé con una de sus paredes y sentí su dureza por primera vez. Mire para adelante, y  vi que la oscuridad desaparecía y permitía ver aun mas cuan deprimente era la ciudad, la oscuridad ya no tapaba las otras figuras, las grieta que esta figura había hecho ya no servían. Volví a mirar para abajo por que los rayos de sol me estaban molestando, la tristeza explotó, yo ya no estaba pero ese faro que ahora reconocía, era el Obelisco, sobrevivía para agrietar la oscuridad.